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Siglo XV: cuando las brujas robaban penes

Los hombres siempre han estado muy preocupados por su miembro viril. Se cubren de cualquier cosa que crean que lo amenace. Sólo la visión de una rodilla levantada los envía de viaje a la luna. Lo cierto es que las amenazas percibidas de manera irracional hacia el pene han estado ocurriendo durante mucho tiempo, y con paranoias mucho más ridículas. Ninguna, sin embargo, supera la del mito de cuando las brujas robaban penes.

Siglo XV: cuando las brujas robaban penes

Uno de los primeros pánicos registrados hacia el pene se da en el texto, “Malleus Maleficarum” durante el siglo 15. El libro fue un manual de la caza de brujas escrito por el clérigo alemán Heinrich Kramer. A pesar de que esta literatura fue generalmente considerada como tonta y misógina (y de hecho lo es), pasó a dar lugar a asesinatos brutales de muchas mujeres acusadas de brujería.

En el libro, Kramer describe varias interacciones con las supuestas brujas que robaban penes. Según el texto, las brujas borraban el pene de los hombres usando su magia, por supuesto. Kramer explica que podían “quitar el órgano masculino ocultándolo sin necesidad de despojarlo del cuerpo.”

Pero la siguiente mención del robo de penes es mucho más entretenida. Kramer afirma que las brujas usaban los penes sin cuerpo como mascotas. Las brujas que robaban penes, los almacenan en nidos de pájaros y los mantenían vivos alimentándolos con avena y otros cereales.

Siglo XV: cuando las brujas robaban penes

“Las brujas recogen órganos masculinos en grandes números, entre 20 o 30 miembros cada vez, y los ponen en un nido de pájaros, o los encierran en una caja. Los mantienen vivos, alimentándolos con avena y maíz, como han observado muchos testigos” -escribió Kramer.

Habéis leído bien. Miles de personas fueron testigos de estos penes que se alimentaban de mazorcas de maíz o de un plato de lentejas. ¡Penes con sistema digestivo!

¡Pero eso no es todo, amigos! Según Kramer, las brujas se apiadaban de sus víctimas de vez en cuando. Cuando un hombre pedía a una bruja que le devolviese su extraviado pene, estas le pedían al hombre; “que trepase a un árbol… y tomase el que más le gustaba del nido en el que mantenían los diversos miembros… Pero si trataban de tomar el más grande, la bruja les decía: “No puedes llevarte ese porque pertenece a un cura.” Oh, por supuesto. Qué casualidad que el autor de estas palabras fuese un cura.

Kramer escribe: “Toda brujería proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable”. Ya le hubiera gustado.

 

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